domingo, 15 de marzo de 2020
Días de pesca
Una vez se separaban, él revisaba la carnada, se dirigía a altamar y lanzaba su red donde su experiencia le susurraba. Ella, por su parte, se quedaba en tierra, encargándose de otros oficios en la casita que tenían sobre la playa. Desde ahí, ella también pescaba. Tejía una red con su mirada y la lanzaba al horizonte por la ventana, buscándolo. Cuando la recogía, examinaba cada embarcación que capturaba: veleros, lanchas, balsas, chalupas, barcazas. Al no identificarlas con el nombre “El Vagabundo”, las dejaba ir, igual que él lo hacía con los peces demasiado pequeños para agarrarlos. Había días buenos, pero ese en especial no había pescado nada y así volvió a casa, con las manos vacías. En cambio ella, cada día que lo veía desembarcar con la red sobre sus hombros, sabía que su pesca sí había sido afortunada.
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