Los tendones del alma
tratan de sujetar tu mano
destiemplan mis rodillas
tiemplan la poesía en mí.
Halan uno por uno
los vellos de mis brazos.
Y halan también mi voz.
Mi voz, templada, empieza a gritar.
Los tendones del alma
rasgan y toman de mi mente,
la parte que es azar.
La vuelven voz
efímera, aunque poderosa.
Los tendones unen las palabras.
Gruño y rasgo mi ropa,
bailo y derribo los muros.
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